Encierros

Photo by Arjen Doting from FreeImages

Desde hace un tiempo, mucho antes que la situacion mundial cambiara al punto de confinarnos en nuestras casas, he estado en CarpeDiem mode. Tal vez sea que ya estoy llegando a una edad en la que algunas cosas dejan de importar y otras se convierten en prioridad. Yo también, como lo hacen mucha gente a la que se le pregunta sobre la coyuntura, no puedo hablar con un “nosotros”, sino desde mi orilla, mi propia y personal experiencia, en éste encierro solitario. Como todo el mundo

Este acto de silencio obligado y aislamiento ha empezado desde que dejé mi hogar paterno. Aquella primera noche en la que la oscuridad me asustó en una tierra extraña. Este confinamiento actual simplemente parece un capítulo alucinante en una vida no tan alucinante pero cuando menos entretenida, que ha empezado hace 10 años casi, pero que aún no va a terminar. O al menos, no deseo pensar en aquello, por salud mental.

Porque, entre mis prioridades, está planificar mi semana, que no el resto de mi vida. “Ya veremos cómo vá” ha sido, desde un tiempo a esta parte, mi mantra;  a pesar de tener grandes planes y que estoy, como aquel personaje de película al que le preguntaban sobre cómo haría para lograr aquellas empresas: “no lo sé, es un misterio”.

Es que no tengo ni la más remota idea si mañana despierto (espero que sí), si la semana que viene seguiré teniendo empleo (espero que sí), si volveré a ver a mi familia en Peru (espero que también). Sólo me aferro a mi buena disposición que a veces se quiebra y explota en lágrimas, que se aferra a unas papas fritas con mayo y aquella resilencia que a mí misma me sorprende. Pegado a todo, la curiosidad por saber cómo saldrá la Dreammy (y todos ustedes) de ésta. Tal vez en el siguiente episodio. 

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